Se acabaron los tiempos de la diplomacia de mero trámite. Durante la instalación del Grupo de Amistad México-Canadá, el diputado federal Pedro Haces Barba dejó claro que la relación bilateral necesita urgentemente pasar de las buenas intenciones a la trinchera económica.
Con la revisión del T-MEC en el horizonte y la relocalización de empresas (nearshoring) respirándonos en la nuca, el legislador lanzó una advertencia clara: en un mundo polarizado, México no puede ni debe jugar sus cartas en solitario.
Haces Barba puso los números sobre la mesa para dimensionar el tablero: Norteamérica concentra el 28% del PIB global y agrupa a más de 500 millones de habitantes. Ante este peso específico, el diputado sentenció que «el mundo se está reconfigurando» y exigió que ambos países actúen como un bloque unificado, y no como piezas aisladas.
El mensaje desde San Lázaro es inequívoco: el verdadero reto no es aplaudir que el tratado existe, sino tener la musculatura política y comercial para defenderlo y exigir lo que a la región le corresponde en competitividad y empleo.

